Por Odón de Buen
Escrito en 2011
Es muy curioso cómo las rutas que uno toma en la búsqueda de soluciones a ciertos problemas pueden orientar el rumbo hacia alternativas que, más que ser opuestas, resultan complementarias para resolver esos problemas.

Es en este sentido que una conversación de hace un par de semanas con un buen amigo de la industria de los equipos para el hogar, me hizo caer en la cuenta de que lo que yo percibía como alternativas tecnológicas en conflicto (y sus industrias y negocios asociados), en la realidad actual del mercado mexicano, sólo pueden constituir una solución, si funcionan juntas.
¿A qué me estoy refiriendo? Pues al calentamiento solar de agua y las dos tecnologías que hoy día están iniciando una forzada convivencia, pero que lo irán haciendo de manera creciente en México: el calentador solar y el de gas.
Quienes me conocen saben que soy una persona, entre un número importante de individuos (investigadores y empresarios, fundamentalmente), que he venido empujando el tema de la energía solar, en particular el uso de colectores solares para calentar el agua en los hogares. Así, por años he estado cerca de quienes han dedicado su esfuerzo, dinero e inteligencia para lograr que en México se aproveche la energía que llega del sol para sustituir la que viene del petróleo.
Inclusive, hoy día tengo el privilegio de ser presidente del único comité de normalización en energía solar en México, donde me ha tocado presenciar la forma en que la industria solar local va aceptando, a través de la normalización y de la certificación de sus equipos, la obligación de tener niveles mínimos de calidad para cumplir con lo que los mercados requieren para un uso generalizado de esta tecnología.
La perspectiva que había dominado mi imaginación era la del versus, la de competencia contra los combustibles fósiles y su tecnología de aprovechamiento.
Sin embargo, en otras labores me ha tocado estar en contacto con las grandes empresas manufactureras de equipos para el hogar y entender, en alguna medida, lo que les mueve y les preocupa. Así, cuando hace poco más de tres años comenzaba a tomar fuerza la Hipoteca Verde y se perfilaba una generalización del uso de la energía solar, pude escuchar por allí las preocupaciones de la industria que, en ese momento, sonaban más como un rechazo a una nueva competencia que a una oportunidad de negocios.
Debido a las iniciativas de los gobiernos federal y estatales (en particular, las que se llevan a cabo en el sector de la vivienda de interés social), el creciente ambientalismo de la población nacional e internacional, alimentado por una clara conciencia sobre el reto del cambio climático, los constantes aumentos en los precios del gas, la aparición de equipos chinos muy baratos o, quizá, por simple moda, que también influye en esto, el hecho es que se entendió finalmente entre la sociedad mexicana que el calentamiento solar de agua es técnica y económicamente factible.
Así es que el mercado hoy crece a pasos agigantados y lo que era un dispositivo “de ricos” hoy tiene su principal mercado entre clases medias y de bajos ingresos.
Por lo mismo, lo que hace tres años era todavía una mera posibilidad que algunos llevaban mucho tiempo empujando y otros resistiendo, es hoy día una realidad de mercado; para corroborarlo, basta asomarse a la gran cantidad de empresas que ofrecen equipos de todos tipos, tecnologías y tamaños para calentar el agua con energía solar.
Algunos creen que es el principio del fin de los calentadores de gas; sin embargo, éstos no van a desaparecer mientras haya gas y la gente tenga los equipos en sus casas. Más bien, es el principio de una nueva relación que se ampliará en el futuro y que, antes, sólo existía en México en sistemas grandes: los sistemas sol-gas de calentamiento de agua.
Ésta es, precisamente, la apuesta de la industria de los calentadores de gas, que ahora entienden que no pueden continuar por el camino de siempre ante las perspectivas de aumentos constantes en los precios de los combustibles fósiles y la gran preocupación, ya evidente, sobre el calentamiento global del planeta (al que la quema de combustibles fósiles contribuye directa e intensivamente).
También es la apuesta de los principales promotores de la energía solar en la vivienda, que son los organismos de los gobiernos estatales y municipales. Éstos están promoviendo, ya sea por ampliación del crédito hipotecario o por subsidio a la vivienda de interés social, que se instalen calentadores solares junto con llamados “de paso” (que además de ser más eficientes, se pueden acoplar a los solares).
Desafortunadamente, este acelerado interés ha rebasado, más que la capacidad de producción, la visión de los sectores económicos involucrados y la de los organismos que los regulan, lo cual se manifiesta, de manera cruda y difícil, en el campo de la normalización, donde parece que cada quien jala la carreta a su modo e impide que se construyan y entren en funcionamiento aquellos elementos que urge tener disponibles para responder a los retos del mercado.
Así, mientras por un lado la comunidad solar ha trabajado por años y con muchos esfuerzos (y sin apoyo de autoridad alguna) en un comité de normalización de energía solar (NESO-13) que, aun cuando camina con inevitable lentitud, tiene ya cuatro normas (y ha dado lugar a un sistema de certificación de colectores), por otro lado, ante esa lentitud del proceso del NESO-13 y la urgencia del Infonavit por contar con bases claras para asegurar la calidad y desempeño de los equipos, se ha establecido un sistema con este propósito (muy limitado y sin buena cantidad de los elementos que la ortodoxia de la normalización demanda) bajo el concepto del “Dictamen de Idoneidad Técnica” (DIT), que se obligan a cumplir quienes desean participar en el programa del Infonavit.
Hoy día, un aspecto importante en este proceso es que los desarrolladores de vivienda son los que compran las dos clases de equipos, pero lo hacen por separado y sin tener estándares que regulen el funcionamiento de las múltiples combinaciones posibles (que estimo en varios cientos) de los dos equipos juntos.
En esta línea, cabe inclusive la pregunta: ¿quién está tomando esta decisión o quién (del sector solar o el del gas) le está aconsejando al que compra los sistemas?
En mi opinión y si las cosas no cambian, o los actores del mercado empiezan a vender un producto único o vamos a tener que capacitar a decenas de profesionales que trabajan en las desarrolladoras de vivienda para que sepan comprar los sistemas por separado.
Ante esta situación y en el contexto del comité de normalización del gas en la Secretaría de Energía, se trabaja en la búsqueda de una nueva fórmula que intenta, cuando menos, darle los “elementos que la ortodoxia de la normalización” demanda a lo que hoy día es el DIT (y, a final de cuentas, a la combinación solar-gas).
El diseño de esta norma, por lo pronto, se ha concentrado en el elemento central del DIT, que es el de intentar asegurar un nivel de ahorro de gas que resulte en la rentabilidad de la inversión en el calentador solar, pero ya se perfila la necesidad, en las discusiones que hay entre los solares y los del calentamiento con gas, de una norma que garantice otros factores de calidad en la funcionalidad de las múltiples combinaciones que se puede tener con los productos actualmente en el mercado. Es mi percepción que esta norma (o, más bien, la necesidad que lleva a la misma) va a empujar a que se generalicen paquetes de estos sistemas híbridos.
Sin embargo, al ánimo de por sí desconfiado de la industria solar (“la burra no era arisca, sino que los golpes la hicieron”), se suma el hecho de que sea en el seno de un comité de gas donde se lleva a cabo la discusión de una Norma Oficial Mexicana que, en buena medida, resulta de su largo batallar e involucra a su industria. Esto sólo alimenta su desconfianza, aunque no limita su participación (lo cual es un espejo de lo ocurrido en el NESO-13, el cual ya tiene en la mesa a quienes se han dedicado a fabricar calentadores de gas).
Yo creo que muy pronto, y obligados por los organismos gubernamentales que han comprado a la energía solar como parte de sus paquetes de sostenibilidad, se tendrá que tener una norma que permita asegurar que las múltiples combinaciones posibles de calentadores solares y de gas cumplan con las necesidades de calidad, precio y servicio que los usuarios esperan.
En fin, como en una de esas películas en las que los personajes principales – uno de familia pobre (los solares) y otro de familia rica (los de gas) – se la pasan peleando con una evidente tensión sexual, se perfila un obligado final con boda; en este caso, entre dos tecnologías e industrias que nacieron y se criaron distintas, pero que el contexto energético, ambiental y de mercado los juntó inexorable e inevitablemente. Por el bien del país, que sean felices y que tengan muchos hijos…
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