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Por Odón de Buen R.

Escrito en 2006

Hasta hace un par de años, la mayor parte de la industria automotriz recorría a gran velocidad, como en anuncio de auto deportivo, el camino hacia vehículos cada vez más grandes y con menores rendimientos de combustible.

En esos ya algo lejanos tiempos, los vehículos híbridos eran todavía una invención para ricos y románticos preocupados por el cambio climático y la contaminación en las ciudades. En esos días, lo único que detenía a los consumidores de comprar un SUV (Sport Utility Vehicle) era el temor de alguna volcadura (por su menor estabilidad) y los grandes armadores americanos (GM y Ford) competían por traer al mercado el vehículo más monstruoso y voraz. Por supuesto, eso no aseguraba ni asegura una transportación más rápida, ya que las ciudades y sus calles de las principales ciudades del mundo están cada vez más cerca de la saturación de autos, lo cual se refleja en los cada vez mayores períodos de tiempo que las personas pasan sentados en sus hermosas y relucientes máquinas.

Costos anuales de la congestión en ciudades de Estados Unidos (2001)
Zonas urbanasRetraso anual por persona (Hrs)Consumo adicional de combustible (galones)Costo por persona (US$)
Los Ángeles56841000
Seattle-Everett5381930
Atlanta5384915
Houston5076850
Nueva York3452595
Fuente: David Schrank y Tim Lomax, The 2001 Urban Mobility Report

Hoy día el mundo es distinto y las noticias así lo reflejan. En primerísimo lugar, el petróleo no baja de sesenta dólares el barril, más de dos veces su precio hace esos dos años. Así, hoy día los armadores compiten por tener el mejor híbrido y GM y Ford luchan por su vida. No hay semana en la que no deje de aparecer algún nuevo modelo de híbrido o que Ford o GM den una nueva mala noticia a sus empleados y a sus accionistas (o que Toyota, quien se arriesgó a producir en serie autos híbridos, tenga ganancias comparables a las de las empresas petroleras que le venden la gasolina a los dueños de los SUVs).

El alguna vez renegado término de “economía de combustible” ha retomado un lugar en el vocabulario del país.

The Economist de enero 19 de 2006 en relación al mercado automotriz en Estados Unidos.

Más allá de lo que ocurre en los recintos de los ayuntamientos de las principales ciudades del mundo, donde el ampliar y mejorar el servicio de transporte público toma cada vez mayor fuerza en la agenda de los gobernantes de las grandes concentraciones humanas, esta nueva situación está llevando a una nueva revolución en la industria automotriz.

Por un lado, ya se habla de variaciones al diseño de los híbridos con diseños de motores que se acercan más a lo eléctrico (los llamados “plug-in”) con una conexión a la red eléctrica, mayor capacidad de almacenamiento de electricidad y menores motores de combustión que los modelos actuales. Por otro lado, los autos con motor diesel—muy utilizado en Europa—son ahora reconsiderados en los mercados por su mayor rendimiento y porque han reducido las emisiones gracias a mejores motores y a mejores combustibles. Finalmente, los biocarburantes, que son una forma de energía renovable, que a los precios actuales son una alternativa económica y que tienen gran desarrollo (por la vía del combustible y de los vehículos que lo utilizan) en países como Brasil, aparecen como una componente básica de las nuevas gasolinas.

Fuente: The Economist

En este último sentido llama la atención que, por un lado, el Presidente Bush, hace una semana, considere a los biocarburantes como una de las soluciones a la gran dependencia de Estados Unidos del petróleo importado. Por otro lado, llama también la atención que en México la SENER y la SAGARPA (y no tan discretamente la SEMARNAT) peleen hoy día por liderear el proceso de introducción del etanol de caña a la oferta de combustibles para automotores.

El hecho es que estamos hoy día ante una acelerada transformación de la forma y de los vehículos en que nos transportamos y que esto es resultado de las señales económicas que nos envía el mercado. Esto, por supuesto, deja en el aire la pregunta que se hacen muchísimos tomadores de decisiones en el mundo: ¿y si se cae el precio del petróleo?.  La respuesta a esta pregunta es, para muchos también, que el precio no va a bajar en un buen rato—si es que baja. Por lo mismo, es muy posible que esta nueva revolución automotriz apenas comience

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