Por Odón de Buen R. /Noviembre de 2019

Hoy día la mayoría de nosotros nos informamos de nuestro consumo de energía cada vez que nos llega la factura, ya sea una vez cada dos meses para la electricidad o cada vez que llenamos el tanque de gas o del auto. Esos datos de consumo reflejan, para la electricidad, lo que han consumido varias decenas de dispositivos que tenemos en nuestros hogares y que nos permiten tener servicios energéticos como iluminación, refrigeración o entretenimiento. Así mismo, reflejan algunos de nuestros buenos o malos hábitos de encendido y apagado de los mismos, aunque no nos permite identificarlos de manera específica por lo agregado de la información.
Hoy día, esta forma de saber de nuestro consumo y de operar los equipos está cambiando aceleradamente por el cambio tecnológico en el campo de las telecomunicaciones y la tecnología de la información, de manera que podemos conocer en tiempo real, lo que consume nuestro hogar y en qué dispositivos.
Como referencia anectótica de este proceso, desde hace ya más de tres años me han ido mostrando en distintos contextos lo que uno puede hacer con su celular en relación a la operación de equipos que producen y consumen energía. En un par de casos, colegas me han presumido de la generación de electricidad del sistema fotovoltaico que opera en su casa mostrándome la curva de generación de esa mañana y de lo que, al mismo tiempo, consume su casa, indicándome cuánto han evitado pagar a la empresa eléctrica en el día, semana, mes y todo el tiempo que ha operado el equipo en su casa.
En otro caso, en una exposición especializada, me mostraron el funcionamiento de un sistema moderno de iluminación interior (que puede cambiar de intensidad y de color de acuerdo a controles que son programables y/o manejables a control remoto) y me mostraron cómo es posible diseñar la iluminación de un espacio de manera que pueda variar de acuerdo a las condiciones de iluminación y o de uso del espacio iluminado. Días más adelante, un colega me mostró en su celular la aplicación que le permite hacer eso en su casa. Inclusive hablamos de que ya es posible generar ambientes en la casa con un solo botón y que pueden incluir uno para hacer generar la ambientación para, en su caso, intentar hacer las paces con la pareja…
A su vez, he visto comerciales en Estados Unidos en los que se aparecen aparatos que pueden ser operados por el celular. Uno es una lavadora que se opera a través de una aplicación en el teléfono. Otro es un refrigerador con una cámara hacia el interior que permite saber qué hay adentro y tomar decisiones cuando va uno de compras de comida. Uno más es el portero electrónico que permite contestar la puerta sin estar en la casa. Inclusive, mi celular (que no he cambiado en cuatro años) tiene una aplicación (que vino en el modelo original) que, con los aditamentos correspondientes, permite operar cerrojos y termostatos.
El asunto es que hoy día los dispositivos que han venido funcionando conectados solamente a la electricidad y que nos permiten tener, entre otras cosas, luz, calor, frío, fuerza motriz, están crecientemente conectados a las redes de las telecomunicaciones, esto a través de los sistemas en los que operan nuestros celulares y nuestras computadoras en lo que se ha dado en llamar “el Internet de las Cosas” y que nos permite darles seguimiento a través de dispositivos que cargamos en nuestros bolsillos (los teléfonos celulares).
Estos desarrollos tienen múltiples implicaciones, algunas positivas y otras negativas. De las positivas resalta el hecho de que nos va a permitir un uso más eficiente y racional de la energía al no desperdiciar energía en equipos innecesariamente encendidos o funcionando a toda capacidad cuando lo que requerimos es solo una fracción de lo que nos puede dar un equipo o un sistema.
Inclusive, ya hay trabajos que analizan el posible papel de estas tecnologías para balancear los sistemas eléctricos en horas pico, ofreciendo a los usuarios ventajas económicas por permitir que sus equipos grandes, como refrigeradores, aires acondicionados o lavadoras de ropa dejen de operar cuando así convenga a la red eléctrica. En esta perspectiva, no está lejos el día en que nos llegue un aviso al celular con una oferta de la empresa eléctrica para apagar por unos minutos alguno o varios de nuestros equipos a cambio de un descuento especial o de algún abono a nuestra cuenta (en la lógica de que, posiblemente, el costo de proveer esa energía sea significativamente mayor para la empresa).
Sin embargo, se perfilan algunas que son ya preocupaciones de las industrias involucradas y de los propios usuarios finales: (a) la seguridad de las instalaciones, (b) el consumo de energía adicional para operar las redes de telecomunicaciones y almacenar datos, y (c) la privacidad de los usuarios.
Sin lugar a dudas el de la seguridad es una preocupación mayor que hoy se atiende cada vez más por parte de las propias industrias. En cuanto al consumo de energía, ya se han ido generando protocolos que evitan que todo esté conectado de la misma manera a las redes de comunicación y que los centros de datos sean diseñados para requerir la menor cantidad de energía posible. Finalmente, el asunto de la privacidad es uno de los grandes dilemas de nuestros tiempos en la medida de que cada vez hay más registros sobre no solo nuestros datos generales sino también de la forma en la que nos comportamos y dónde nos ubicamos. Supongo que esto último es un tema que definirán las propias preferencias sociales. Ya veremos, pues.
Sobre el anunciado matrimonio entre la industria de la electricidad y la tecnología de la información.
Por Odón de Buen R. /Noviembre de 2019
Hoy día la mayoría de nosotros nos informamos de nuestro consumo de energía cada vez que nos llega la factura, ya sea una vez cada dos meses para la electricidad o cada vez que llenamos el tanque de gas o del auto. Esos datos de consumo reflejan, para la electricidad, lo que han consumido varias decenas de dispositivos que tenemos en nuestros hogares y que nos permiten tener servicios energéticos como iluminación, refrigeración o entretenimiento. Así mismo, reflejan algunos de nuestros buenos o malos hábitos de encendido y apagado de los mismos, aunque no nos permite identificarlos de manera específica por lo agregado de la información.
Hoy día, esta forma de saber de nuestro consumo y de operar los equipos está cambiando aceleradamente por el cambio tecnológico en el campo de las telecomunicaciones y la tecnología de la información, de manera que podemos conocer en tiempo real, lo que consume nuestro hogar y en qué dispositivos.
Como referencia anectótica de este proceso, desde hace ya más de tres años me han ido mostrando en distintos contextos lo que uno puede hacer con su celular en relación a la operación de equipos que producen y consumen energía. En un par de casos, colegas me han presumido de la generación de electricidad del sistema fotovoltaico que opera en su casa mostrándome la curva de generación de esa mañana y de lo que, al mismo tiempo, consume su casa, indicándome cuánto han evitado pagar a la empresa eléctrica en el día, semana, mes y todo el tiempo que ha operado el equipo en su casa.
En otro caso, en una exposición especializada, me mostraron el funcionamiento de un sistema moderno de iluminación interior (que puede cambiar de intensidad y de color de acuerdo a controles que son programables y/o manejables a control remoto) y me mostraron cómo es posible diseñar la iluminación de un espacio de manera que pueda variar de acuerdo a las condiciones de iluminación y o de uso del espacio iluminado. Días más adelante, un colega me mostró en su celular la aplicación que le permite hacer eso en su casa. Inclusive hablamos de que ya es posible generar ambientes en la casa con un solo botón y que pueden incluir uno para hacer generar la ambientación para, en su caso, intentar hacer las paces con la pareja…
A su vez, he visto comerciales en Estados Unidos en los que se aparecen aparatos que pueden ser operados por el celular. Uno es una lavadora que se opera a través de una aplicación en el teléfono. Otro es un refrigerador con una cámara hacia el interior que permite saber qué hay adentro y tomar decisiones cuando va uno de compras de comida. Uno más es el portero electrónico que permite contestar la puerta sin estar en la casa. Inclusive, mi celular (que no he cambiado en cuatro años) tiene una aplicación (que vino en el modelo original) que, con los aditamentos correspondientes, permite operar cerrojos y termostatos.
El asunto es que hoy día los dispositivos que han venido funcionando conectados solamente a la electricidad y que nos permiten tener, entre otras cosas, luz, calor, frío, fuerza motriz, están crecientemente conectados a las redes de las telecomunicaciones, esto a través de los sistemas en los que operan nuestros celulares y nuestras computadoras en lo que se ha dado en llamar “el Internet de las Cosas” y que nos permite darles seguimiento a través de dispositivos que cargamos en nuestros bolsillos (los teléfonos celulares).
Estos desarrollos tienen múltiples implicaciones, algunas positivas y otras negativas. De las positivas resalta el hecho de que nos va a permitir un uso más eficiente y racional de la energía al no desperdiciar energía en equipos innecesariamente encendidos o funcionando a toda capacidad cuando lo que requerimos es solo una fracción de lo que nos puede dar un equipo o un sistema.
Inclusive, ya hay trabajos que analizan el posible papel de estas tecnologías para balancear los sistemas eléctricos en horas pico, ofreciendo a los usuarios ventajas económicas por permitir que sus equipos grandes, como refrigeradores, aires acondicionados o lavadoras de ropa dejen de operar cuando así convenga a la red eléctrica. En esta perspectiva, no está lejos el día en que nos llegue un aviso al celular con una oferta de la empresa eléctrica para apagar por unos minutos alguno o varios de nuestros equipos a cambio de un descuento especial o de algún abono a nuestra cuenta (en la lógica de que, posiblemente, el costo de proveer esa energía sea significativamente mayor para la empresa).
Sin embargo, se perfilan algunas que son ya preocupaciones de las industrias involucradas y de los propios usuarios finales: (a) la seguridad de las instalaciones, (b) el consumo de energía adicional para operar las redes de telecomunicaciones y almacenar datos, y (c) la privacidad de los usuarios.
Sin lugar a dudas el de la seguridad es una preocupación mayor que hoy se atiende cada vez más por parte de las propias industrias. En cuanto al consumo de energía, ya se han ido generando protocolos que evitan que todo esté conectado de la misma manera a las redes de comunicación y que los centros de datos sean diseñados para requerir la menor cantidad de energía posible. Finalmente, el asunto de la privacidad es uno de los grandes dilemas de nuestros tiempos en la medida de que cada vez hay más registros sobre no solo nuestros datos generales sino también de la forma en la que nos comportamos y dónde nos ubicamos. Supongo que esto último es un tema que definirán las propias preferencias sociales. Ya veremos, pues.
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